Llámanos para concertar cita
91 636 81 28
Cómo llegar

Grecia: El cañón de Vikos (3)

Publicado el 02/10/2016 en Salud

dsc_0188Al tercer día, salimos hacia Kastraki, un pueblecito situado al pie de unas montañas únicas, unos monolitos rocosos que suben en vertical desde la tierra al cielo. En la cumbre de algunos de ellos divisamos lo que parecían castillos de cuento de hadas, pero que eran en realidad monasterios cargados de historia, lugares sagrados que albergan tesoros de valor incalculable para el pueblo griego y para la humanidad. Seis de ellos están habitados por monjes y abiertos parcialmente al público. Hoy constituyen una de las mayores atracciones turísticas de Grecia. Nosotros queríamos visitarlos.

Sin saberlo, habíamos llegado  a Kastraki al comienzo de una gran festividad (cuatro días de duración) de la Iglesia ortodoxa. La habitación que habíamos reservado, en un alojamiento céntrico, era minúscula y daba a la cocina del restaurante. La temperatura era sofocante y el ruido de voces y risas se prolongó hasta altas horas en nuestra primera noche. Imposible dormir ni descansar.

A la mañana siguiente, con los ojos y la cabeza nublados, nos echamos a la calle con la esperanza de encontrar un lugar más tranquilo donde quedarnos. Con tanta suerte, que descubrimos a las afueras del pueblo lo que parecía una hermosa casa tradicional del país, un hotel con vistas fabulosas a las montañas regentado por personas encantadoras. Durante seis días, ese fue nuestro hogar y nuestro refugio.

Nos dedicamos a explorar los pueblecitos de alrededor y visitamos tres de los monasterios. Desde el hotel, subimos andando a dos de ellos. Y para bajar, cogíamos senderos de montaña que nos llevaban a uno u otro de los pueblos del valle. Estas caminatas, aunque requerían esfuerzo, no nos resultaron especialmente difíciles.

Estábamos felices. Parecía que después de nuestra hazaña en el Cañón de Vikos nos habíamos rejuvenecido y ya nada nos cansaba. Así, los últimos seis días de nuestras vacaciones en Grecia fueron los mejores.

Yo recordaba haber leído que cuando nos exigimos un esfuerzo algo fuera de lo normal, nuestras mitocondrias (esas “fábricas de energía” que son parte de nuestras células) se reproducen con más facilidad y de ese modo nos proporcionan más energía. Esta energía la podemos usar o no. Naturalmente, si no la usamos, se pierde. Pero si la utilizamos, como hicimos nosotros, somos capaces de mucho más.

Y de este recuerdo y de mi experiencia tras cruzar el cañón de Vikos, nació mi propósito de estimular la creación de fuentes de energía en mi cuerpo con el fin de volver a sentirme como en mi viaje a Grecia.  Os invito a que probéis.

 

 

 

Comparte en:Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *