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Cómo llegar

Grecia: El cañón de Vikos (1)

Publicado el 12/09/2016 en Salud

dsc_0168Cuando conseguimos algo que nos ha costado un gran esfuerzo, nuestra autoestima crece y sentimos que el esfuerzo merecía la pena.

 

Este año decidimos pasar el mes de junio en Grecia. Uno de nuestros objetivos era un desafío personal: visitar las montañas de Pindo, en el norte del país, y recorrer en su totalidad el impresionante cañón de Vikos (unos 900 metros de caída, el más profundo a escala mundial si se tiene en cuenta su anchura).

Nos encanta andar, pero cuando llegamos a Monodendri, el pueblecito  donde comenzaría la expedición y en el que nos alojábamos, empezamos a preguntarnos si estaríamos a la altura del reto que nosotros mismos nos habíamos fijado.

El dueño de nuestro hotel, Dimitris, que es un experto montañero, nos aconsejó prepararnos haciendo dos caminatas previas, relativamente breves,  en lo que podríamos llamar los confines del cañón. Así lo hicimos y nuestros temores se confirmaron: conquistar el cañón no iba a ser fácil.

El día previsto salimos a las 9.00 de la mañana, llevando con nosotros un par de bastones para marchar que nos había prestado Dimitris. Comenzamos el descenso del cañón por un camino cortado casi a pico en la montaña. El suelo estaba cubierto por montones de piedras sueltas que se deslizaban al poner el pie en ellas. A veces, perdíamos pie al pisar sobre la maleza y por un instante sentíamos una pizca de vértigo. Por fin, después de dos kms. de marcha, alcanzamos el fondo del cañón. El camino se hizo más llano y los músculos de nuestras piernas lo agradecieron.

Caminábamos ahora por la ladera de la montaña, bajo la sombra de los árboles y sobre troncos y arbustos arrancados por los desprendimientos de las rocas. En ocasiones nos desviábamos hasta el lecho del torrente, seco en esa época del año, y entonces nos tocaba hacer equilibrios sobre imponentes cantos rodados que ponían en peligro la integridad de nuestros tobillos.

El camino subía y bajaba, curva tras curva, en pendientes escarpadas y escalones resbaladizos. Las piedras volaban bajo nuestros pies mientras nos agarrábamos de las ramas para no caernos.

Con la rapidez del rayo, una culebrilla cruzó el camino a la altura de nuestros ojos y se colgó de un árbol en la orilla opuesta. Seguro que nuestro nivel de adrenalina pegó un salto en ese momento.

Pero mentiríamos si dijéramos que todo fueron dificultades: entre la gran variedad de plantas y flores que crecían a ambos lados del camino y deleitaban nuestra vista, brotaban fresas silvestres, un regalo para el paladar. De repente, un claro en el follaje nos permitía contemplar las paredes del cañón en toda su majestad. Grutas que parecían de hadas, árboles cubiertos de musgo y la espesura de las hojas bajos nuestros pies, todo respiraba paz y era un alivio en el calor sofocante, unos 35º.

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1 comentario

  • sounds like a challenge! well done…

    Escrito por catherine scanlon el 23/09/2016 a las 07:44

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