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TRANSGÉNICOS, UN NEGOCIO SOSPECHOSO

Publicado el 01/06/2015 en Alimentación

17873_transgenicosComo amamos la Naturaleza y los alimentos naturales, nos preocupa el cultivo de cereales transgénicos (soja y maíz) en nuestro país y la guerra callada que unas cuantas multinacionales _Monsanto es la más conocida_ están librando en la Unión Europea para que se liberalice en su territorio la producción y comercialización de productos transgénicos, ahora cultivados a gran escala en EE.UU y otros países del continente americano.

Una planta transgénica es una planta en la que se ha introducido un gen de otra especie. Un ejemplo conocido es el de los cultivos en los que se ha introducido un gen insecticida procedente de una bacteria. El efecto de este tratamiento es que todo tipo de insectos (no sólo los perjudiciales, sino también los que no lo son) están en peligro si entran en contacto con estas plantas. Además, algunos insectos desarrollan una resistencia al insecticida, lo que hace necesario un producto más potente para combatir futuras plagas.

El problema real es que nunca hasta ahora el hombre había entrado, para alterarlo, en el genoma de una planta o un animal, y que no sabemos las consecuencias que para la salud y el medio ambiente puede traer semejante experimento. Por eso, la prudencia más elemental indica que hay que hacer estudios científicamente contrastados, a lo largo del tiempo, antes de exponernos a consecuencias que ahora son imprevisibles.

Sin embargo, la actitud de las multinacionales que llevan a cabo la investigación biotecnológica es todo menos prudente. Una buena parte de la comunidad científica rechaza por falta de rigor el resultado de esas investigaciones, destinadas a probar la inocuidad de los transgénicos, muy impopulares, por otra parte, entre los consumidores europeos.

Pero las grandes compañías presionan a los gobiernos y desdeñan el derecho a saber de la gente con maniobras que las hacen sospechosas: Por ejemplo, se han negado persistentemente a etiquetar sus productos como “transgénicos”, y a que se etiqueten como “no transgénicos” los que no lo son,  privando así a los consumidores de su derecho a elegir.

Es alarmante que un 92% del territorio europeo dedicado al cultivo de soja y maíz transgénicos, esté en España. ¿Para qué se emplean esta soja y maíz? Con ellos se producen piensos para animales que, a su vez, pasarán a formar parte de la cadena alimenticia de las personas. Además, los derivados de la soja y el maíz (este último presente en espesantes, papillas, productos de bollería, etc.) y la lecitina de soja pueden ser de origen transgénico.

¿Qué podemos hacer? De manera inmediata, consumir productos ecológicos _ya que lo ecológico, por ley, no puede ser transgénico_ o convencionales si son de nuestra total confianza. Y a más largo plazo, reivindicar nuestro derecho, y el  de todos los seres vivos, a unos alimentos saludables en cuya producción se hayan respetado las leyes de la Naturaleza.

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